Aplicación del Yoga en la recuperación del Trauma

Aplicación del Yoga en la recuperación del Trauma

En 2017 tuve la oportunidad de acercarme al trabajo del Dr. Peter Levine -psicólogo contemporáneo norteamericano especializado en recuperación del trauma-, a través de un seminario introductorio de su método, Somatic Experiencing, presentado en la ciudad de Barcelona. Un grupo de participantes de diferentes áreas de la salud, terapeutas, profesores de yoga y otros, realizamos ejercicios prácticos, específicamente  diseñados por Levine para abordar el trauma físico y emocional. A pesar de haber sido sólo un comienzo, este abordaje sobre los efectos del trauma y su influencia en nuestra calidad de vida, me tocó profundamente: no desde un lugar de re-victimización, sino más bien de aceptación y respeto hacia aquellas heridas y experiencias traumáticas vividas en el pasado no reconocidas o pasadas por alto.

Coincidentemente, este seminario tuvo lugar apenas unos días después de haber ocurrido, a pocas calles de allí,  un atentado terrorista que dejara un triste saldo de muertos y heridos, además de una población shockeada por la violenta noticia. Recuerdo haber llorado mucho esa noche o la siguiente… como si hubiera sido yo misma  arrollada por una fuerza inexplicable.

Así es como este tipo de experiencias, catástrofes naturales, accidentes y asaltos de todo tipo, traumatizan a la gente. Estas huellas quedan en el cuerpo y en la psiquis, provocando defensas instintivas y comportamientos que pueden prolongarse en el tiempo, tales como el dormir en exceso o el insomnio, la depresión, el aislamiento o una actitud hiper-vigilante, por nombrar algunos. Las personas quedamos así “desconectadas” y no es sino a través de una progresiva toma de conciencia y aceptación, que podemos volver a confiar, a relajarnos y a auto-regalarnos. En este proceso es necesario ser muy paciente y es recomendable buscar ayuda especializada en donde sea posible. El trauma es parte de una respuesta biológica a una situación dada y cómo el individuo reacciona es la mejor manera en que su biología puede resolverla en dicho momento. Tales efectos o trastornos postraumáticos podrían ser tratados y al menos, minimizados o atenuados.

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Este trabajo me ha traído a la memoria una desafiante y enriquecedora experiencia que tuve hace años en los Estados Unidos, enseñando  yoga a grupos de “jóvenes en riesgo” en un  importante centro de refugio y rehabilitación para chicos de la calle en Los Angeles (Youth at-risk Program, Covenant House LA).  Estas clases semanales eran obligatorias para los internos y opcionales para los que tenían más independencia, pero continuaban atendiendo el programa. Durante los seis años y medio que enseñé allí, pasaron decenas de chicos y chicas de distintas etnias: norteamericanos blancos, afroamericanos, chicanos, latinos, etc. Algunos de ellos con antecedentes policiales, otros con problemas de adicciones, algunos pandilleros… Todos compartían algo en común: eran chicos de la calle, huérfanos o prófugos, abandonados por sus familias, abusados o marginados…  todos mayormente traumatizados.

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Sin embargo, fuera por gusto o por obligación con el programa, los que llegaban a la clase se comportaban bien y  -salvo por algún altercado donde el staff del centro tenía que intervenir-  lograban relajarse al menos por un momento. Incluso algunos de ellos practicaban con esmero y hacían preguntas relacionadas con la práctica del yoga. Para mí también era, evidentemente, cuestión de llegar sana y salva a la otra orilla, a lo largo de esa intensa hora de clase. Había que circular de puntillas en la sala, puesto que cada comentario o contacto podía herir la susceptibilidad de alguno de los participantes. Traumas de género, traumas por abuso, traumas raciales, traumas corporales…

Por alguna razón, y a pesar de todos los desafíos, decidí permanecer. Yo contaba entonces con varios años de experiencia enseñando y otro tanto de trabajo personal, pero esta propuesta era tanto para mí como para ellos, revolucionaria. A veces los resultados eran gratificantes, otras, frustrantes. Fui comprendiendo con el tiempo, y gracias a los consejos de las dedicadas autoridades del programa, que mi misión allí era plantar semillas de conciencia corporal, practicar la paciencia y la compasión, estar presente para ellos, escuchar sin juzgarlos y no esperar nada a cambio.

En el tratamiento de personas traumatizadas,  la re-sensibilización y toma de conciencia del cuerpo se torna fundamental para recobrar cierta integridad. Así es como ejercicios de enraizamiento, estiramientos, relajación, vocalización, visualización y meditación, son de gran ayuda para progresar en el proceso de restauración y re-conexión con las fuerzas vitales.

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En este sentido, el Yoga se presenta como una práctica auxiliar y contenedora en el campo de la sanación psicofísica, tal como lo expresa el Dr. Levine:

“El yoga se ha practicado en Oriente durante miles de años, y sus adeptos han reclamado numerosos beneficios: físicos, emocionales y espirituales. Hasta hace poco, sin embargo, estos efectos no se han cuantificado científicamente. Con la convincente investigación de Bessel van der Kolk sobre la eficacia y los efectos fisiológicos positivos del yoga en la recuperación del trauma, se ha revelado una nueva aplicación vital para este método de promoción de la salud sin edad”.

– Dr. Peter Levine, Prólogo, Superando el trauma a través del yoga (2011)

Aún queda un largo trayecto por recorrer:  instructores de yoga y de otras terapias corporales nos vemos desafiados a informarnos, actualizarnos y, principalmente, a sanar nuestros propios traumas. Y comparto aquí para finalizar, este artículo escrito por Emerson, Sharma, Chaudhry y Turner, publicado en el International Journal of Yoga Therapy en 2009:

“Un aspecto esencial de la recuperación del trauma es aprender a calmarse o autorregularse. Durante miles de años, el yoga se ha ofrecido como una práctica que ayuda a calmar la mente y el cuerpo. Más recientemente, la investigación ha demostrado que las prácticas de yoga, como meditación, relajación y posturas físicas, pueden reducir la activación simpática autónoma, la tensión muscular y la presión arterial, mejorar la actividad neuroendocrina y hormonal, disminuir los síntomas físicos y la angustia emocional y aumentar la calidad de vida. Por estas razones, el yoga es un tratamiento prometedor o una terapia complementaria para abordar los síntomas cognitivos, emocionales y fisiológicos asociados con el trauma y el TEPT -trastorno de estrés post traumático- específicamente”.

 

Daniela Ardalla @Yoga Flow Palermo

 

 

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