El poder del silencio: una práctica ancestral de yoguis y chamanes

El poder del silencio: una práctica ancestral de yoguis y chamanes

Según las palabras de Don Juan Matus, el maestro yaqui de la tradición de videntes toltecas del Antiguo México que inmortalizó Carlos Castaneda a través de sus libros, el silencio interno consistía en suspender el diálogo interno -ese eterno compañero del pensamiento- y entrar así en un estado de profunda quietud, un estado en el cual la percepción no dependería de los sentidos tal como los usamos habitualmente.

Durante más de diez años hice un seguimiento de las enseñanzas de este linaje tolteca (actualizada por Castaneda como “Tensegridad”) participando en prácticas locales y seminarios impartidos por sus instructores en Los Ángeles y Ciudad de México. Tuve la oportunidad de experimentar directamente cambios muy profundos en mi consciencia y energía física. Cabe destacar que en el marco de esta enseñanza se desaconsejaba totalmente el consumo de café, azúcar, tabaco o cualquier otro estimulante que alterara el sistema nervioso. De esta forma, cambios sutiles en la energía podían deducirse como efectos de la práctica.

Estas prácticas orientadas a  acrecentar la consciencia consistían en series de  movimientos corporales y respiratorios, ejercicios para suspender el diálogo interno y otras tareas, como la autoobservación. El propósito era ahorrar y acumular  energía para construir un núcleo de silencio interno dentro de sí. Le  llamaban “detener el mundo” al momento en que todo lo que nos rodea cesa de ser lo que siempre ha sido. Un cambio de percepción en el que se regresa a la verdadera naturaleza del ser, un estado de libertad que desafía nuestro pensamiento lineal.

Deshacernos de nuestra importancia personal,  dejar de lado hábitos inútiles y formas obsoletas de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestros semejantes, buscar la impecabilidad de nuestros actos, sentir afecto por la tierra en la que vivimos son premisas esenciales a la hora de cambiar nuestra percepción y de vivir con la totalidad de nosotros mismos. Un trabajo de atención y dedicación de toda una vida…

La meditación se ha popularizado en Occidente desde finales de los ´60, a través del Yoga y de otras tradiciones místicas y de autoconocimiento, cuyo objetivo es trascender el ego personal a través del silencio y la contemplación.

El gran maestro advaita Sri Nisargadatta Maharaj  (India, 1897 -1981) decía:

“Ningún pensamiento en particular puede ser el estado natural de la mente, solo el silencio. No es la idea del silencio, sino el silencio en sí mismo. Cuando la mente está en su estado natural, se vuelve a silenciar espontáneamente después de cada experiencia o, más bien, cada experiencia ocurre en el contexto del silencio”.

La meditación es la práctica del silencio. Silencio o “mouna” en sánscrito, en su forma más simple, se puede practicar como no hablar. En la práctica del yoga se intenta encausar el “prana”, la energía vital, reduciendo su mal uso para canalizarlo con fines más conscientes. Nuestros pensamientos activan nuestras emociones e impulsan nuestro comportamiento. Al observar las incontables fluctuaciones de nuestra mente –el anteriormente mencionado diálogo interno- eventualmente, ésta comienza a asentarse y da lugar a un estado de conciencia más plena.

En los Yoga-sutras de Patanjali, textos fundacionlales del Yoga del siglo III a. C. aprox., se lee: “Yoga Chitta Vritti Nirodha”, que significaría “Yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente”. En este sutra, el yoga es la disciplina que conduce a aquietar la mente. Cuando esto sucede, el vidente se revela, descansando en su propia naturaleza esencial. Al estudiar la naturaleza de la mente, entendemos que no somos nuestros pensamientos. Existe algo mucho más vibrante, estable y unificador fuera de la mente condicionada.

En síntesis, esta disciplina milenaria comienza con una forma externa de no hablar, de aquietarnos y silenciar nuestra mente y finalmente evoluciona hacia una escucha interior profunda, un estado de presencia en donde todos estamos conectados con el Universo.

Daniela Ardalla@ Yoga Flow Palermo

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