La práctica de yoga y el crecimiento personal

La práctica de yoga y el crecimiento personal

 Para las diferentes vertientes o escuelas del Yoga de la antigua India, el sentido de la práctica nunca estuvo traspasada por un único objetivo de logros físicos, sino más bien, por una  comprensión holística de un orden implícito llamado Divinidad  (sea ésta representada con una u otra imagen). Una comprensión que permite abordar al ser desde todos sus cuerpos: físico, emocional, menta y, espiritual. Es la tarea del discípulo caminar la senda en pleno ejercicio de autoindagación y recuerdo de sí, aprendiendo así a vivir en presencia, en el presente, en plenitud de conciencia y no solamente apegado a su identidad.

Esta mirada terapéutica ancestral (y no necesariamente religiosa) sobre el desarrollo del Ser, puede ayudar a una persona a atravesar las mareas de su propia vida, a reconectarse y reconocerse uno con los ritmos de la Vida y saberse parte de una misteriosa vastedad que va más allá de nuestro status quo (condicionamientos). Todos los universos y el microcosmos que llevamos dentro son la pregunta y la respuesta, la inhalación y la exhalación.  En innumerables planos de percepción transcurren millones de nacimientos y muertes de estrellas por segundo, transmutando el destino de las galaxias y de cada vida.

El propósito  de la vida humana, de acuerdo al Yoga, sería la búsqueda de la posibilidad de experimentar el Dharma o Virtud, o Impecabilidad (como lo llamarían en el Camino del guerrero), hacia todas la cosas y hacia uno mismo. Esa ley natural es la guía y anhelo de una persona que busca un vida de trascendencia, un camino transpersonal. Hacia uno, hacia los otros y hacia el Infinito, Dios, el gran Espíritu, Brahma, la Fuente o, como diría la física cuántica, ese “campo indeterminado de consciencia”, la inteligencia universal. Fuera cual fuese la escuela, metáfora o tradición, la práctica del yoga, como cualquier práctica de autoconocimiento, debería ser recorrida sin juicios ni expectativas. Esto quiere decir que el ego (la cabeza, como le decimos usualmente) va a intervenir e interferir de mil formas, no para distraernos del camino, sino porque teme que en verdad haya un camino.

Dejándonos informar por una verdad mayor, que puede o no manifestarse a través de un maestro, de un guru, de un sueño o de una visión, sabemos cuando algo resuena en nuestro interior y nos hace ir en cierta dirección. Algunos maestros despiertos de la India aseguran que ni siquiera hay que seguir sensaciones de bienestar o de progreso, porque no hay que alcanzar un resultado particular ni desear un estado de conciencia especial. Sólo hay que transitar el Lilah, o gran juego de la Vida, donde esas voces o identidades van desvaneciéndose para dar lugar a la verdadera esencia. A esto, los antiguos le llamaban el Despertar.

loto rojo

Daniela Ardalla @ Yoga Flow Palermo

*Imagen de portada del artículo: “In Hidden”, by  AnnaHannaArt

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